Un nuevo terror amenaza el mundo, es microscópico y se propaga muy fácilmente. Las medidas para evitarlo incluyen el aislamiento. Una batalla que empezó en el 2019 y que ha cobrado la vida de más de 1.000.000 de personas en el mundo. Como combatir un enemigo al que no podemos ver, que es perdurable en el tiempo, y que conlleva la promesa de una posible y muy desagradable muerte, sin dejar de mencionar las secuelas que podría dejar en el organismo.
Como un antiguo recuerdo pasa ante nuestros ojos la vida como la conocíamos. Un cine, un parque, se convirtieron en caldos de cultivo altamente tóxicos de un virus con corona que cada vez nos reduce mas y nos confina a un asfixiante asilamiento domiciliario.
Testimonios y relatos nos confirman la presencia del invasor que empezó su peregrinaje desde Wuhan (China) y que incluyen ideologías de un nuevo orden mundial que pretende dominar a la raza humana. Demasiada incertidumbre e ignorancia recorre libremente las calles dejando evidenciado que el contagio es la nueva orden del día. ¿Cómo enfrentar un mundo en donde el contacto está prohibido? ¿Cómo interrelacionarnos los unos a los otros cuando salta la duda y el miedo se apoderan de nuestros andares? ¿Cómo enfrentar las cifras de mortandad que anuncian flagrantemente por todos los medios de comunicación? ¿Qué tan absoluta es esta avalancha de información? ¿Cómo rediseñar la vida sin poder respirar libremente?
Era la tarde del lunes 22 de Junio cuando la Sra. Araujo se empezó a sentir mal. Luego de haber pasado días en riguroso aislamiento autoimpuesto, es llevada un centro asistencial para que la diagnosticaran con una infección de orina. El sábado 27 ya presentaba una severa disnea y tuvo que ser llevada nuevamente al hospital. Esa fue la última vez que sus hijos la verían. Fue internada de inmediato y a las 2am les avisaron a sus familiares, que esperaban en una calle helada de Buenos Aires, que la paciente tenía una avanzada neumonía la cual sospechaban era producto del COVID-19, que se encontraba en muy mal estado y que muy probablemente no sobreviviría. Sus familiares debían hacerse el hisopado de descarte, pero que seguramente todos estaban contagiados y de ser así, debían estar en cuarentena obligatoria. No la pudieron ver más, solo les quedaba esperar el parte médico que les hacían por teléfono. El día Lunes 29 de junio, les notificaron que efectivamente la Sra. Araujo había perdido la batalla. Sus restos no fueron entregados, y ninguno de sus familiares pudo verla más. Encerrados en el aislamiento domiciliario y el duelo, la familia Araujo empezó a rediseñar la vida muy cerca del dolor.
A partir de un hecho como este las medidas sanitarias se vuelven extremas, el contacto físico eliminado, la desinfección de objetos y espacios roza la paranoia. Una suerte de bozal se vuelve parte de nuestra apariencia diaria. Parte de nuestro rostro ya no es visible, sin poder ver si estamos sonriendo o si hacemos una mueca de dolor. Nuestra voz adquiere un filtro que le hace sonar distinto a como la conocemos. Y es una nueva realidad de la que no podemos escapar.
Diversas acciones gubernamentales son tomadas en todas partes del mundo partiendo de distintos escenarios y posturas con la información que cada día se va adquiriendo. Sin embargo los esfuerzos son nulos si la conciencia ciudadana no va de la mano. Las normas son sencillas: permanece en casa, de tener que salir mantén dos metros de distancia con los otros, usa de forma correcta un tapabocas adecuado, lava bien tus manos por espacio de 40 segundos, evita tocarte la boca, nariz u ojos. Sin embargo a muchas personas les parece exagerado y hacen caso omiso, aumentando la propagación de un virus que tiende a afectar de forma distinta a cada persona.
El virus que causa el COVID-19 se propaga muy fácilmente y de manera continua entre las personas. La información sobre la pandemia en curso sugiere que este virus se propaga de manera más eficiente que el virus de la influenza. En general, cuanto más cercana y prolongada sea la interacción entre las personas, mayor es el riesgo de propagación del COVID-19.
Actualmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decretado el nivel 6 de alerta de pandemia. La declaración de esta fase indica que está en marcha una pandemia mundial y se considera inevitable que siga propagándose. La fase 6 se caracteriza por una transmisión elevada y sostenida del virus a nivel comunitario en todo el mundo. La situación de pandemia declarada por la OMS implica diseminación y no mayor gravedad. Entrar en Fase 6 se refiere, por tanto, a la extensión del virus y a su transmisión sostenida, no a la gravedad clínica de la enfermedad.
Según el informe del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota, los estragos del nuevo coronavirus podrían mantenerse hasta dos años más y se espera que hasta un 70% de la población pudiera ser contagiado en todo el mundo. "Esto se detendrá hasta que infecte del 60 al 70% de la población. La idea de que esto acabará pronto desafía a la microbiología”, comentó Mike Osterholm, director del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota.
Evidentemente la vida como la conocíamos ya no será igual. Por al menos un espacio de dos años debemos vivir con la nueva realidad de higiene, de protocolos de desinfección y una medida de distanciamiento social muy alejada de nuestros habituales saludos de beso en las mejillas y abrazos. Las mascarillas o tapabocas serán nuevos accesorios que reflejarán la personalidad y el estilo.
Como ya lo vivimos, el trabajo y la escolaridad ya se viven desde casa y de hecho ya están siendo adoptadas como medidas permanentes en algunas empresas y universidades. Y aunque no será una realidad perenne, pues de acuerdo al nivel de la pandemia en cada región, se irán aperturando nuevos espacios y retomando ciertas libertades, si será una realidad que nos acompañará durante algún tiempo.
Cada día se recaba más data sobre el COVID-19 y se habla de inmunidad en la población mundial. Sin embargo no es cuestión de bajar la guardia. Evitar el contagio es primordial. Si nos contagiamos que sea por un evento inevitable y no por creernos héroes sin capa. El uso de la mascarilla nos acompañará por meses, quizás años. Que el entendimiento y la relación con nuestros núcleos familiares y con nosotros mismos sea un trabajo personal continuo. Y que un cordial puñito de Feliz Navidad y un fraternal codeo de Feliz Año Nuevo, sea un buen augurio para dejar atrás un 2020 que nos robó los besos y nos quebró los abrazos.


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